Desde Canadá, con un Excel a medias: la historia de GestiProp
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Desde Canadá, con un Excel a medias: la historia de GestiProp

Inmuebles en Cartagena y Bogotá, un dueño en Canadá y ocho problemas que se volvieron un producto. La historia de cómo nació GestiProp, contada por su fundador.

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Equipo GestiProp

Es de noche en Canadá. Termino mi jornada, me siento, abro WhatsApp y ahí están: una consignación, un audio, una foto de un comprobante medio borroso. «Esto es lo que faltaba de marzo». «Esto es una parte de abril». Intento cuadrar las cuentas de inmuebles que están a miles de kilómetros, con la memoria de alguien más como único registro.

Esta es la historia de cómo esa noche —que fueron muchas— se convirtió en GestiProp.

Capítulo 1: Lejos, y en manos de otro

Vivo en Canadá. Mis inmuebles están en Colombia, en Cartagena y en Bogotá. Durante años hice lo que hace casi todo el que está lejos: se los entregué a un tercero para que los administrara. Y funcionó… hasta que dejó de funcionar.

Todos los que tenemos un arriendo como ingreso adicional funcionamos igual: un trabajo principal, una vida ocupada, y en la cabeza unas alarmitas. «El 5 entra el arriendo del apartamento». «El 10 el del local». No es un sistema: es memoria.

Mientras todos pagan a tiempo, esas alarmas bastan. El problema empieza cuando un inquilino se atrasa. Te dice que paga el 15 en vez del 5. El mes siguiente, el 20. Después llega una consignación con una explicación nueva. Cada mes, una fecha distinta.

Llega un punto en que las alarmas ya no sirven. Ahí es donde uno se embolata. Y embolatado no sabes si te pagaron completo, si ese abono era de este mes o del anterior, o si alguien se está aprovechando del desorden. Yo sentí varias veces que me habían embolatado pagos. Lo peor era no poder demostrarlo.

Capítulo 2: La libretica

Muchos propietarios en Colombia llevan todo esto en una libreta. Yo tenía la mía: un Excel. Y voy a ser honesto: no lo actualizaba juiciosamente. Lo abría cuando llegaba un pago, cuando me acordaba, o cuando algo ya no cuadraba y tocaba reconstruir el mes hacia atrás, a punta de chats y extractos.

La libretica, sea de papel o de Excel, funciona mientras alguien la lleve al día, mientras nadie abone por partes y mientras el contrato no tenga que defenderse ante nadie. Cuando alguna de esas cosas falla, el propietario queda solo con su palabra.

Yo no quería seguir dependiendo de mi palabra. Ni de la de nadie.

Capítulo 3: «Lo hago yo»

Así que tomé una decisión: administrar mis inmuebles yo mismo, desde Canadá. No lo hice solo. Mi familia en Colombia se volvió mi equipo en tierra: mostraban los inmuebles, acompañaban a los interesados y me ayudaban en todo el proceso de escoger al inquilino y firmar.

El primer problema apareció el primer día: no tenía dónde publicar mis inmuebles. Necesitaba una ficha con las fotos, el precio y las condiciones, que pudiera compartir con un enlace y que cualquiera pudiera ver sin llamar a nadie. Un cartel de «Se arrienda» que no se quedara pegado en la ventana.

Así nació gestiprop.co/arriendos. El primer pedazo de GestiProp.

Capítulo 4: El enredo de las visitas

Con los inmuebles publicados llegaron los interesados. Y con ellos, el enredo: el interesado le escribía a mi familiar, mi familiar me escribía a mí, yo respondía cuando podía, y para entonces el interesado ya había cambiado de plan.

Así que construí una agenda de visitas. Mis familiares abrían los horarios que les quedaban bien, y los interesados escogían el suyo y agendaban solos. Nadie tenía que ponerse de acuerdo con nadie.

Segundo pedazo.

Capítulo 5: Los mensajes que se borraron

Imagínate la escena. Las visitas funcionan, la gente se interesa y empiezan a llegar las solicitudes. Por WhatsApp, claro. A mi familiar le llegan solicitudes de varios inmuebles a la vez: una cédula por aquí, un certificado laboral por allá, un «este es para el apartamento de Bogotá, ¿cierto?». Mi familiar me las reenvía. Yo estoy trabajando. Las veo de noche. Y ya no tengo ni idea de cuál solicitud es de cuál inmueble.

Una vez no las revisé de inmediato. Cuando fui a buscarlas, no estaban. Mi familiar tenía activados los mensajes temporales. Se habían borrado. Todas.

Uff.

Ahí empecé a construir el proceso de solicitud dentro de la aplicación. El interesado llena su solicitud, sube sus documentos, y todo queda guardado en su lugar, pegado al inmueble al que pertenece. Nada que reenviar, nada que se borre.

Capítulo 6: ¿Es la persona indicada?

Tener la solicitud completa era solo la mitad. La otra mitad era la pregunta que todo propietario se hace: ¿a esta persona le entrego mi inmueble?

Pasé horas en Google y en YouTube tratando de responderla. Cómo saber si un inquilino es el indicado. Qué consultar. Dónde. Al final encontré una publicación en Facebook donde alguien compartía la lista de todas las páginas para consultar a una persona. Eso sí, no sin antes pedirme mis datos para mandármela. (Hoy yo hago lo mismo con mi plantilla gratuita del estudio del inquilino. De alguien aprendí.)

Con esa lista por lo menos podía tener una idea más clara de si una persona era adecuada. Pero hacerlo a mano, consulta por consulta, para cada aspirante, era otra noche perdida.

Así que, una vez más, lo automaticé. Así nació el estudio del inquilino: el aspirante da su autorización con un código, se verifican sus datos, y tú recibes un informe para decidir con algo más que una corazonada.

Capítulo 7: El contrato

Encontré al inquilino. Llegó la hora del contrato. Otra historia más.

Busqué plantillas en Google. Muchas. Incluso las generé con ChatGPT. Cada una decía algo distinto, y ninguna me daba la tranquilidad de estar cumpliendo la ley. Fue mucha investigación hasta llegar a un formato que cumpliera con la Ley 820 de 2003, la que regula el arrendamiento de vivienda urbana en Colombia.

Y ahí me hice la siguiente pregunta: si ya tengo el contrato correcto, ¿por qué seguir imprimiéndolo, firmándolo, escaneándolo y mandándolo de vuelta desde otro país?

Investigué, y aprendí que una firma electrónica tiene validez legal siempre que se pueda demostrar quién firmó, cuándo y cómo. Para eso hay que guardar la evidencia: la dirección IP, el correo, la fecha y la hora de la firma, entre otras cosas.

¿Y adivinen qué? Todo eso lo guardamos. La IP, el dispositivo y el navegador, el correo y el teléfono, la fecha y la hora exactas, el código de verificación que confirma que quien firmó es quien dice ser, y una huella digital del documento, para que nadie pueda cambiar una coma después de firmado.

Así nacieron los contratos digitales de GestiProp.

Capítulo 8: Mes a mes

Con el inquilino adentro y el contrato firmado, volví al problema con el que empezó todo: la plata. Las fechas que se mueven, los abonos, las consignaciones con explicaciones.

Quería algo simple: saber, desde cualquier lugar del mundo, qué me deben, desde cuándo, y qué me han pagado. No un informe que alguien me manda cuando quiere: el registro en tiempo real, igual para mí que para el inquilino.

Hoy, cada mes la factura sale sola, con el canon y la fecha del contrato. Si el inquilino paga por partes, el abono queda registrado y el saldo a la vista. Si se atrasa, el sistema le recuerda, sin que yo tenga que perseguir a nadie. Y el inquilino tiene su propio portal, donde ve lo que debe, sube su comprobante o paga en línea.

La libretica, por fin, se jubiló.

Por qué es gratis

Cuando lo vi funcionando con mis propios inmuebles, pensé en todos los propietarios que hoy están donde yo estuve: arriendos atrasados, abonos que no cuadran, solicitudes perdidas en un chat, la libretica como único respaldo.

Colombia me ha dado mucho. Esta es mi forma de devolverle un poco: mi granito de arena.

Por eso GestiProp es gratis de por vida para quien maneja una propiedad. Sin letra pequeña y sin prueba que se vence. Si tienes más inmuebles o eres una inmobiliaria, hay planes pagos, y son los que sostienen que lo gratuito siga siéndolo.

Lo que viene

GestiProp lo construyo de noche, cuando termino mi trabajo en Canadá. Son las mismas noches que antes se me iban cuadrando consignaciones; ahora las uso para lo que sigue. Esto es en lo que estoy trabajando:

El cobro automático con débito, para que el canon se cobre solo en la fecha pactada. Es lo que estoy trabajando ahora, y las pruebas hasta el momento han salido bien. Escogí Wompi como pasarela aunque me cobre una comisión del 2,8 %: para mí vale más que el pago se concilie solo, sin que nadie tenga que revisar consignaciones.

Un copiloto con inteligencia artificial: un chat que te ayude con preguntas sobre la Ley 820 y con esas situaciones que a todos nos pasan y que nadie te explica bien.

Tours virtuales en las publicaciones de los inmuebles, para que quien busca arriendo pueda recorrerlo antes de visitarlo.

Y la que más ganas tengo de empezar: un asistente con inteligencia artificial para las reparaciones de emergencia. Que atienda al inquilino en lenguaje natural, por chat o por voz; que tome el reporte, cotice la reparación con la red de profesionales, envíe la orden de servicio, y me avise cuando todo esté cuadrado, mientras yo disfruto el tiempo con mi familia.

Todo esto lo pienso primero para facilitarme la vida a mí. Y de paso, para que tú también lo disfrutes.

Epílogo

Sigue siendo de noche en Canadá cuando escribo esto. Pero ya no abro WhatsApp a cuadrar cuentas. Abro GestiProp, veo qué entró, qué falta y quién va atrasado. Y cierro el computador.

No construí GestiProp para reemplazar la relación con tu inquilino. Lo construí para que esa relación no dependa de la memoria de nadie.

Si te viste en esta historia, crea tu cuenta y registra tu inmueble. Es gratis, y lo va a seguir siendo.

GestiProp

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